EL OLVIDO SIEMPRE HA SIDO SEÑALADO COMO UN ENEMIGO

Texto, René Martínez, psicoterapeuta

Desde pequeños nos enseñaron que recordar es conservar la vida, que tener presente cada detalle es una forma de amar, que la memoria es sagrada. Sin embargo, cuando esa memoria se llena de heridas, traiciones, pérdidas y ausencias, se convierte en una cárcel invisible.

El olvido llega como un huésped inesperado. No golpea la puerta, simplemente entra. Primero con pequeños descuidos: un nombre que ya no pronuncias con tanta fuerza, un rostro que empieza a desdibujarse, una fecha que deja de tener importancia. Después, con el tiempo, descubres que el olvido no es enemigo, sino aliado.

Renunciar a lo que ya no sirve es un acto de valentía. No se trata de borrar la historia ni de negar lo vivido, sino de liberarse del peso de repetir eternamente lo que lastima. Olvidar es un acto de higiene emocional: limpiar la mente y el corazón de lo que intoxica.

He visto muchas veces que las personas confunden olvidar con traicionar. Creen que, si olvidan un amor, un dolor o un resentimiento, también están negando la lealtad a lo que alguna vez fue importante. Pero olvidar no significa traicionar: significa elegir la vida, significa dar paso a lo que aún puede florecer.

El olvido no siempre es total ni inmediato. No se trata de arrancar páginas de la historia, sino de dejar de leer en voz alta aquello que nos hiere. Basta con renunciar a la obsesión de recordar lo que duele, basta con permitirse respirar sin la cadena de lo que fue.

El olvido es, en esencia, un acto de amor propio. Allí donde el recuerdo hiere, el olvido cura. Allí donde la memoria condena, el olvido libera. Allí donde el pasado pesa, el olvido abre las manos para recibir el presente.

Renuncia a todos los olvidos, renuncia a lo que ya no sirve, renuncia de todos modos… porque siempre valdrá la pena.

Como terapeuta lo confirmo cada día: olvidar no es un error, es un recurso del alma. Quien se permite soltar lo que duele encuentra la fuerza para reconstruirse, para dar paso a la resiliencia y para caminar con menos cargas. Y es en ese momento, cuando uno se atreve a olvidar, que se abre la posibilidad de volver a empezar.