Por: Alejandro Rosero Montenegro Comunicador Social Periodistas
Dos años y unos días después de aquel nefasto 7 de octubre de 2023 en el que un comando terrorista del grupo extremista Hamas irrumpió en un festival de música electrónica para llevarse a más de 200 rehenes y asesinar a otros 1400 israelíes y extranjeros que tomaban parte del festival en el sur de Israel, con el apoyo de Estados Unidos, su presidente Donald Trump, los disparos dejaron de sonar y fueron reemplazados por abrazos y reacciones de alegría en los dos lados del territorio en conflicto.
Las imágenes son conmovedoras, padres, madres, hijos, esposos, esposas, amigos; se fundieron en esas expresiones con la liberación de los 20 secuestrados israelíes que sobrevivieron a la tortura y el dolor de las penurias en los túneles de la franja de Gaza, bajo la vigilancia de los integrantes del brazo armando y más extremista de Hamas.
Del otro lado, casi 2 mil Palestinos capturados por Israel en medio del conflicto y en hechos similares ocurridos en años recientes, apilados en buses también volvieron a su casa pasando por Ramala en Cisjordania para también, abrazar a sus familiares. Son circunstancias diferentes, evidentemente, pero comparten la posibilidad de alegrarse y gritar de alegría y no gritar mientras misiles y bombas caían desde el cielo del medio oriente.
La primera fase del acuerdo de paz entre Hamas e Israel comenzó así, con esas acciones de lado y lado y con ello, el panorama para el destruido territorio de la franja, también se transformó con el retorno de quienes salieron desplazados buscando sus hogares en medio de los escombros, quizás ni las calles donde estaban sus hogares estén en los lugares que ellos dejaron tras su huida. Regresan a la par de la entrada de los camiones con ayudas de alimentos y medicamentos que son prácticamente asaltados o saqueados por los desesperados sobrevivientes.
Es paradójico que el acuerdo sea el resultado de la acción de un país guerrerista como Estados Unidos y un presidente racista y ultranacionalista como Trump, pero el interés que hay sobre la franja y sus países vecinos sobrepasa cualquier posición política. Hoy, Trump, que sonaba para convertirse en Premio Nobel de paz, ratifica su tácita nominación para la versión 2026.
La paz no puede valorarse sino se ha sufrido la guerra y esta será una oportunidad para considerar el nacimiento de un Estado Palestino, será paso a paso, negociación a negociación como se logrará un acuerdo que impida que en nombre de la política o de la venganza se pase por encima de la humanidad misma. El futuro no es más que nuestras acciones del presente fundamentadas en nuestras experiencias del pasado.


