Nuestra propia lista 

Por: Alejandro Rosero Montenegro Comunicador Social Periodista

Con algo de distancia he tratado de entender lo que ocurre entre el Presidente de Estados Unidos y nuestro imprudente mandatario, Gustavo Petro. Después de la decisión de incluirlo en la lista Clinton, junto a sus familiares, y algunos funcionarios cercanos como Armandito Benedetti, pues no nos queda otra que responderles con la misma moneda, es decir: nuestra propia lista. 

Aquí se me formó un problema, porque traté de encontrar con cuál le podíamos hacer más daño al rubio presidente norteamericano y pase por varias opciones empezando por Data Crédito; si ocluyámoslo ahí para que no pueda acceder a dineros provenientes del sistema financiero que ellos mismos manejan, que se quedé sin la posibilidad de que le presten para comprarse otra camioneta gigante de marca GM. Que ni siquiera le presten para ponerse un carro de perros en una de las calles colombianas, que en la noche están listas para recibir a borrachos y trasnochados para buscar una comida rápida. 

Luego dije: metámoslo en una lista de un grupo de WhatsApp de la familia, donde haya una tía rezandera que a las cuatro de la mañana envía cadena de oración para que no les falte nada en la casa, a ver si con ello logramos que ese engendro de los demonios de la plata y el poder abandone ese cuerpo  rosado y regordete con copete rubio. (Me sentí describiendo a uno de los cerdos que protagonizaban los comerciales de salchichas Zenú de los años 90). 

También pensé en incluirlo en la lista de padres de familia de un colegio de nuestro país, a ver si lo cansan con la cantidad de peticiones de tareas tardías, cartulinas de última hora o maquetas para el día siguiente. A ver si los mensajes de la profesora que comienzan con el consabido, “papitos y mamitas…” logran influenciar su mente egocéntrica a tal punto que puedan frenar sus impulsos de niño rico. 

Y, finalmente, deberíamos incluirlo en el listado de miembros de la junta de acción comunal o de administración del condominio; ahí le recordarían a cada momento que el uso de las zonas comunes tiene sus reglas, y que el hecho de que él sea el dueño del Pent-house no le da derecho a tirar su basura a las horas que no corresponde. Le recordarían, publicando en una lista negra su nombre, que le está debiendo a la señora de la tienda por la cantidad de papitas de paquete y gaseosas que sube a sus fiestas con amigos de dudosa conducta. 

En fin, alguna de esas listas debería tener al Presidente Trump, que ahora funge de promotor de paz mientras sigue disparando misiles a cualquier lancha que se mueve en el Pacífico y el Caribe, tratando de vender una lucha contra el tráfico de estupefacientes que debería sostener en su territorio; allí en los edificios de lujo y centros de poder que son capaces de pagar por la droga colombiana.