“¿Crisis de salud mental en Pasto… o crisis de amor y humanidad?”

Por, René Martínez

En tiempos donde la política olvida a las personas y la desesperanza invade los hogares, aún existen quienes resisten con el oído atento, la palabra sincera y el abrazo dispuesto. Desde mi consultorio, una pequeña trinchera en medio del dolor, escribo esta crónica para recordar que amar, escuchar y sanar también son actos revolucionarios.

La noche del 31 de octubre de 2025 Pasto se estremeció con un eco que no deberíamos olvidar. Un hombre, que hasta hace poco había sido autoridad militar, disparó contra su propia sangre. Murió un hijo. Murió, días después, la madre. Y luego, el presunto victimario decidió terminar también con su vida. Tres vidas apagadas. Tres silencios que nos gritan.

No es un hecho aislado. Es el espejo de una sociedad que lleva tiempo enferma y que ya no logra disimularlo.

Hemos normalizado el dolor hasta volverlo costumbre.

Hemos hecho del sufrimiento una noticia, y de la tragedia un titular.

Nos escandalizamos un día y seguimos la rutina al siguiente.

El amarillismo vende, pero no sana. La indignación momentánea entretiene, pero no transforma.

Pasto es una ciudad noble, pero cansada. En sus calles conviven la fe y la desesperanza, la devoción y el abandono. Aquí, donde el verde todavía resiste, hay familias que se están marchitando en silencio. Detrás de cada tragedia hay una historia que no se escuchó a tiempo. Padres ausentes, hijos desconectados, hogares donde no se conversa, sino que se sobrevive.

Nos hemos vuelto expertos en mirar hacia otro lado. Somos capaces de hacer largas filas para despedir a un muerto, pero incapaces de visitar a un vivo que sufre. Lloramos frente a los ataúdes, pero rara vez acompañamos las amarguras cotidianas de quienes aún respiran.

Nos conmovemos con los funerales, pero nos incomoda la tristeza del vecino. Abrimos los ojos ante el suicidio, pero no los brazos ante quien pide ayuda. Esta no es solo una crisis familiar, es una falla estructural. La salud pública, tan llena de formatos y tan vacía de humanidad, no logra contener el desborde emocional de nuestra gente.

En Nariño los reportes de urgencias psiquiátricas aumentan, los intentos de suicidio crecen, y los servicios de atención se vuelven listas de espera. Los terapeutas hacemos lo que podemos, pero sabemos que no basta con atender cuando el alma ya se rompió. La verdadera cura empieza antes, en la cuna, en los vínculos, en la ternura cotidiana.

Esta crónica no busca señalar culpables, sino encender conciencia. No es una súplica a los políticos, porque ya sabemos que muchos de ellos miran a las personas como votos y no como vidas.

No necesitamos más promesas, necesitamos más abrazos. No más discursos de campañas, sino redes de cuidado reales. No más esperanzas en gobernadores o alcaldes que olvidan lo humano detrás de la estadística.

La transformación comienza en casa. Si queremos una ciudad más sana, necesitamos familias que se hablen, que se escuchen, que se perdonen. Padres que estén presentes, madres que se sientan acompañadas, hijos que aprendan a reconocer el dolor sin miedo ni vergüenza. La salud mental no es un lujo ni una moda, es una urgencia vital.

Y sí, hablo desde lo que conozco. Desde mi consultorio, donde cada día llega alguien a contarme que ya no puede más. Yo no tengo todas las respuestas, soy solo un terapeuta que intenta acompañar con humanidad. Pero estoy convencido de que no estoy solo. Hay muchos que lo intentan, en silencio, desde distintos rincones de esta ciudad herida.

Este noviembre, que coincide con el mes del psicólogo, no llega con flores ni festejos. Llega con un llamado. Porque mientras los titulares se llenan de tragedias, hay miles de personas que necesitan ser escuchadas antes de que su dolor sea noticia.

Que esta crónica sirva como un SOS humano, un recordatorio de que la vida todavía tiene sentido si aprendemos a mirarnos con compasión. Que volvamos a lo simple: al gesto amable, al perdón, al abrazo sincero. Que dejemos de delegar nuestra humanidad en la política y la recuperemos en el amor cotidiano.

Si al leer estas palabras alguien decide acompañar a quien sufre, escuchar sin juzgar, o simplemente preguntar “¿cómo estás?” con el corazón abierto, entonces habrá valido la pena escribirlas. Porque el cambio no empieza en el poder, empieza en el alma.

Fundación Casa del Rio.

“Te mereces sentirte bien, hablemos.”

Psicólogo. Esp. RENE MARTINEZ

TEL:     Https://wa.me/+573043530930   3026632343

https://www.facebook.com/renehumanista