Por: Fabio Olea Massa (Negrindio)
«Hay que salvar a Colombia de las garras del comunismo» —el autor.
Un año decisivo para el país
Colombia vivirá unas elecciones históricas que trascienden la simple Jornada Electoral para convertirse en un plebiscito sobre el modelo de Estado: La democracia o el comunismo. La ciudadanía votará por un sistema democrático fundamentado en las libertades y el equilibrio de poderes, o para que se consolide un régimen que, amparado en la retórica populista, viola los Derechos Humanos, restringe las libertades individuales y erosiona la estabilidad económica (comunismo).
Bajo este panorama, el sufragio se erige como un deber ciudadano que supera lo meramente procedimental. La abstención no puede considerarse una postura válida, pues implica delegar el destino nacional y la facultad de decisión en manos de minorías.
La agenda nacional del presente año quedará definida por cuatro ejes fundamentales: el proceso electoral, la geopolítica global, los avances en la paz y el Mundial de Fútbol.
Elección presidencial: ¿qué Estado queremos?
El debate actual trasciende lo meramente electoral para convertirse en una discusión existencial sobre el Estado. Por un lado, la izquierda quiere instaurar un modelo de planificación centralizada, mayor dependencia estatal, y concentración de funciones en el Ejecutivo, típico del Comunismo. Por el otro, los defensores de la democracia defienden las libertades civiles y económicas, la libre empresa y la separación de poderes contra el autoritarismo. Del voto dependerá la vigencia de la Constitución de 1991, con sus instituciones independientes, o si un gobierno Comunista desestabiliza el Estado Social de Derecho. La historia demuestra que, donde no se respeta la separación de poderes, ni hay contrapesos contra el abuso del poder, la democracia muere y nace la tiranía. Venezuela es el ejemplo que Colombia no debe seguir.
Geopolítica mundial
Las elecciones ocurrirán en un orden global convulsionado por la competencia entre Estados Unidos, Rusia y China, sumada a los conflictos en Ucrania y Medio Oriente que impactan la economía mundial, aumentando el costo de vida. Colombia no será ajena a los efectos de lo que pase en el mundo y, en este contexto, la política exterior no es un lujo, sino una herramienta de supervivencia económica.
El gobierno de Petro ha manejado mal las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, afectando la alianza estratégica que históricamente hemos tenido con nuestro principal socio comercial. La tensión es máxima, ya que Trump ha calificado a Petro como «líder del narcotráfico», lo que compromete la política binacional de lucha contra las drogas y augura un mal final del gobierno de Petro. Para Colombia no es bueno aislarse del bloque democrático occidental para apoyar regímenes dictatoriales; lo cual no es solo un error político, es un suicidio económico que ahuyenta la inversión y debilita la cooperación en seguridad.
La reciente captura de Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas estadounidenses marca un punto de inflexión: el fin de una era de influencia del «Socialismo del Siglo XXI» en la región. Colombia debe decidir si elige la democracia, o si quiere un modelo fracasado como el comunismo, que solo trae violencia, miseria y muerte.
La paz: ¿Justicia o claudicación?
La paz, aunque es un deber constitucional, se ha convertido en un concepto vacío bajo la narrativa de la «paz total». Los datos no mienten: Los grupos ilegales no se han desarmado; por el contrario, se han expandido. El control territorial de las estructuras criminales, y el sometimiento de las comunidades rurales mediante la extorsión demuestran que el diálogo sin autoridad es claudicación.
No se logró la reconciliación desconociendo el «NO» de la voluntad popular —como ocurrió tras el plebiscito de 2016— ni otorgando beneficios sin justicia real. Fue un craso error de Santos creer que la paz se conseguiría con un Tribunal Especial, la JEP, que les concediera impunidad a los excombatientes subversivos. La paz sostenible requiere la presencia efectiva del Estado, y el uso legítimo de la fuerza. Premiar al violento solo incentiva la criminalidad. No habrá paz mientras se desmotive al ciudadano que respeta la ley.
Mundial de futbol 2026
El Mundial de Fútbol de 2026 será un respiro emocional en medio del clima político. Nuestra Selección Colombia captará la atención del país; la tricolor llega con expectativas renovadas y el anhelo de igualar o superar su actuación en Brasil 2014. El fútbol nos une, la política divide, pero la euforia por los triunfos de la selección no puede adormecer la conciencia cívica: Mientras celebramos los goles, también decidimos el rumbo de la Patria.
Pueblo a defender la democracia
La democracia se defiende en las urnas ejerciendo el voto. En la próxima elección presidencial, el dilema es tan simple como profundo: libertad y democracia, o comunismo y sometimiento. Votemos con responsabilidad por la Patria para que sea el voto consciente, y no el silencio de los indiferentes, el que salve a Colombia de las garras del comunismo.


