Gracias, «Guerreros»

…y el peso de una leyenda

Por: Fabio Olea Massa (Negrindio)

Entre la terquedad de Néstor Lorenzo y el peso de una leyenda, la Selección Colombia se asoma al Mundial con más dudas que certezas. ¿Es hora de priorizar el presente sobre los nombres o seguiremos viviendo de los recuerdos de Brasil 2014?

Con la expresión satírica que da título a esta columna, los aficionados se burlan de nuestra Selección Colombia cada vez que el triunfo nos es esquivo; es la válvula de escape para descargar la frustración de una nueva derrota.

Los dos partidos preparatorios disputados recientemente —frente a nóminas alternas de Croacia y Francia— encendieron las alarmas a solo dos meses y medio del Mundial. Es aceptable que estos encuentros hayan sido de «laboratorio», espacios necesarios para que el técnico corrija el rumbo. Sin embargo, si Néstor Lorenzo insiste en su terquedad de jugársela con James Rodríguez, el fracaso está cantado y terminará «quemando» a todo el equipo. El reto no es solo táctico: algunos problemas son extrafutbolísticos y dependen más de las decisiones personales del estratega que de la pizarra técnica.

La afición clama por una convocatoria basada en la meritocracia: que vistan la camiseta los mejores, aquellos que brillan en sus ligas y se ganan el puesto por rendimiento y no por el «amiguismo» o las mal llamadas «roscas». Lorenzo está obligado a privilegiar el funcionamiento colectivo sobre las individualidades. La Selección necesita ser un equipo cohesionado que no dependa de los destellos de un solo nombre.

A James, por supuesto, le sobran los aplausos. Su trayectoria es innegable; nos hizo vibrar en Brasil 2014 y tiene un sitial de honor en la historia. Pero, «ombe», hay que aterrizar en la realidad: por mucho que se llame James, hoy no tiene nivel competitivo. Arrastra una inactividad de seis meses y es suplente en su club, Minnesota United de la MLS. Brasil, con toda su historia, no dudó en dejar fuera a Neymar porque entendieron que el peso de un nombre no puede estar por encima de la actualidad física. No se puede vivir del pasado; si de recuerdos se tratara, entonces llamemos también al «Pibe» Valderrama.

En un gesto de grandeza, el mismo James debería reconocer que hoy es parte del problema y dar un paso al costado. Sería un acto de honestidad decirle al técnico: «Profe, no estoy bien, no me convoque». Abrirle la puerta a alguien con mejor presente, como Juan Fernando Quintero —quien indudablemente está en un nivel superior— lo haría más grande ante los ojos del país.

Por otro lado, el análisis debe extenderse a la delantera. Resulta inexplicable que se coman tantos goles; figuras como Luis Suárez la rompen en sus clubes y fallan bajo el arco vistiendo la tricolor. Hay que erradicar esa vieja manía de buscar un pase extra cuando se tiene la opción clara de rematar. Lucho Díaz tenía que patear ante Francia; no había necesidad de cederle la pelota. En el Mundial, esas dudas se pagan con la eliminación.

Sigamos apoyando a la Selección, pero exijamos a nuestros jugadores más amor por la camiseta y hambre de gloria. Nuestros jugadores no pueden conformarse solo con ir al Mundial y pasar el grupo. Es hora de que ese «Gracias, guerreros» deje de ser el rey de las burlas para convertirse en el grito genuino por el triunfo de un país que desea ver a su Selección siempre victoriosa.