ABRAMOS NUESTRO CORAZÓN

Por: Jorge Arturo Bravo EL DESPERTADOR DELSUR          

Todos los colombianos nos sorprendimos el pasado lunes 10 de agosto cuando la tierra comenzó a moverse, no alcanzábamos a comprender sobre las 7:45 de la mañana, la magnitud de esta grave tragedia; vinieron luego las noticas, la televisión comenzó a mostrar las imágenes de lo que estaba ocurriendo, en ciudades como, Cali, Manizales, Pereira y poblaciones del Chocó, una tragedia nunca antes ocurrida en nuestro país.

Poco a poco con el transcurrir de la mañana comenzamos a mirar y tratar de comprender la magnitud de lo sucedido; y entonces el pánico empieza a invadir nuestro ser, las llamadas a nuestros familiares residentes, por estudio o por trabajo en esas ciudades, las comunicaciones que no se lograban, estaban colapsadas; el pánico aumentaba entre nosotros, llega la comunicación, ¡Qué alivio!, dando gracias a Dios nuestros familiares y amigos estaban bien, no obstante, el estado de sus viviendas.

Todos pendientes de la radio y la televisión, qué gran papel juegan los medios de comunicación en estos casos, en estas tragedias que, provocadas por la naturaleza, nadie las puede evitar, no obstante, los avances de la ciencia y la tecnología. Mirar esa imágenes, edificios y viviendas colapsadas, cientos de heridos, los organismos de socorro, bomberos, defensa civil, voluntarios, rescatistas, haciendo lo imposible por sacar de los escombros con vida a personas, a ellos, también a los médicos y enfermeras, incluido mi nieto Jorge Santiago, médico domiciliario en Cali, que debió sacar, al hombro a una paciente de tercera edad, desde un segundo piso, antes que colapsara la vivienda, “un héroe sin capa”, a ellos todo nuestro reconocimiento, toda nuestra gratitud,

Cuando se han presentado estas tragedias, que las hemos tenido en diferentes años en nuestro territorio, Armenia, Popayán, Tumaco, entre otras ciudades, y en otros países, despiertan toda la solidaridad de los colombianos y de otros países, comienzan entonces a llegar los auxilios necesarios para la población damnificada, que en nuestro caso son miles de personas, de todas las edades.

Pero, ojalá todas estas ayudas llegadas desde distintas regiones de Colombia, incluida la ciudad de Pasto, y de otros países, lleguen a donde realmente deben llegar; cuántas veces ha ocurrido que las ayudas no llegan a su verdadero destino, y en muchos casos, los alimentos se almacenan en bodegas y después se pierden, “se dañan” y ya no sirven, es decir, las ayudas se han perdido, ojalá esto no vuelva a ocurrir.

Abramos nuestro corazón, toda nuestra solidaridad y nuestras voces de aliento para los afectados de esta tragedia, y pedimos al Todopoderoso la fortaleza para sobreponerse y seguir a delante, no obstante, lo que podamos estar viviendo por dentro.