Con la invitación realizada al agrónomo español, Juan Antonio Hernández, el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, impulsa, y fortalece la agroecología, la seguridad alimentaria y la creación de bosques productivos y comestibles.
En este sentido, Hernández, con 30 años de experiencia, de ellos, 25 años de trabajo directo con comunidades en América y África, compartió sus conocimientos con aprendices e instructores de la entidad, enfatizando en el cambio climático y la crisis ambiental; la reunión se realizó en el Centro Lope, allí, con actores de todos de todos los campos del sector promovió prácticas resilientes, integrando producción y conservación.

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“Los bosques productivos y comestibles garantizan alimentos, mientras regeneran los suelos y fortalecen la autonomía de las comunidades. En un centro de formación como este, que prepara talento humano para el trabajo y está orientado al sector primario, este enfoque cobra mayor relevancia al aportar herramientas concretas para una producción sostenible y adaptada a los desafíos actuales”, señaló, Hernández.
A su vez, Bernardo Chamorro Guevara, director regional del SENA-Pasto, resaltó el valor estratégico de estas iniciativas, “Desde el SENA le apostamos a la agroecología como un camino para impulsar la sostenibilidad territorial, fortalecer la seguridad alimentaria y promover modelos productivos más responsables con el medio ambiente y las comunidades”.
“Más de 100 aprendices participaron en este evento de divulgación tecnológica, en un espacio de intercambio de saberes que fortaleció sus capacidades y promovió la apropiación de conocimientos aplicables a sus procesos formativos. A través de esta experiencia, el SENA consolida una apuesta educomunicativa que integra el aprendizaje con la práctica, impulsando la construcción colectiva de modelos productivos sostenibles y el desarrollo de territorios más resilientes”, dijeron los organizadores del evento.
En este sentido, los bosques productivos y comestibles adquieren relevancia como una práctica que articula conocimiento técnico y saberes locales, contribuyendo a una relación más equilibrada entre producción y entorno. Más allá de su aporte a la seguridad alimentaria, estos sistemas fomentan procesos de aprendizaje en territorio, donde los actores rurales experimentan, adaptan y replican modelos acordes a sus propias realidades, fortaleciendo así capacidades para una gestión más integral y sostenible de los sistemas productivos.



