Desde hace 36 años, Coagropacífico, una cooperativa de pequeños productores de Tumaco dedicada a la comercialización y transformación de productos agrícolas, especialmente coco y cacao, se ha consolidado como uno de los motores ambientales y sociales más firmes de la región.
“Lo que inició como una apuesta por comercializar estos 2 productos, se convirtió con el tiempo en una respuesta concreta para dos desafíos urgentes a la contaminación del mar y de los ríos, y la falta de oportunidades para las comunidades rurales y urbanas del municipio”, señaló, Lina Marcela Ibargüen, del apoyo comercial de la planta de transformación de estopa de coco de Coagropacífico.

Fibra natural
La planta ubicada en el barrio La Florida de Tumaco, recibe toneladas de estopa de coco, una fibra natural extraída de la cáscara del fruto y recolectada por los mismos agricultores. Las embarcaciones llegan al muelle desde distintas veredas llenos los costales que pesan menos por la fibra que contienen, los que están en esta labor han encontrado un camino distinto al que históricamente se les impuso.

Recolección de la materia prima
“Cuando los productores de coco no cuentan con embarcaciones, las solicitan a la cooperativa, que realiza recorridos por la zona rural para recoger la estopa. Esta llega en costales pequeños y grandes, y se paga un valor por cada uno. Luego, el material ingresa a la planta para un proceso de selección en el que se retiran cuerpos extraños o impurezas. Después, pasa en canastas a la zona de molino o a la máquina de desfibrado, según el tipo de sustrato que se vaya a producir”, explica, Lina Marcela Ibargüen.
Diferentes usos
En este lugar, la estopa tradicionalmente vista como un residuo, se transforma en sustratos agrícolas para floricultura, cannabis y cacao; en fibra para macetas, cuerdas o colchones y en productos complementarios como arena para gato, elaborada a partir de los residuos del proceso de secado.
Esta cadena de valor es el corazón de una economía circular, que contribuye a la descontaminación de los ríos al reciclar toneladas de estopa, que de otro modo terminarían en los cuerpos de agua. Una labor que sostiene ingresos para las familias tumaqueñas. Dentro de la planta se realiza la selección, limpieza, molienda, lavado, secado, empaque y, finalmente, comercialización.

Oportunidad para los jóvenes
Lo más valioso no es lo que producen las máquinas, sino quienes las operan; aunque la planta tiene capacidad para 20 trabajadores, actualmente nueve jóvenes encuentran aquí un espacio que les cambió la vida. Sus historias están marcadas por problemáticas sociales como el desplazamiento y acecho de los grupos al margen de la ley, pero en este lugar descubrieron algo distinto: la posibilidad de aprender, de construir identidad y de proyectarse hacia un futuro que parecía inaccesible.

Ellos llegan referenciados por líderes y aliados de la cooperativa. Y aunque sus trayectorias son difíciles, en su día a día se percibe una transformación silenciosa, profunda. En Tumaco, donde las opciones suelen ser escasas y los riesgos demasiado cercanos, recuperar la esperanza es un acto de resistencia y de dignidad.
Por eso, su presencia en Bioexpo Nariño 2025 es un reconocimiento a un trabajo que une ambiente, economía y comunidad a un modelo que demuestra que los negocios verdes sí pueden cambiar realidades; a una apuesta nacida en el Pacífico que hoy inspira al país y a Latinoamérica.



