Por, Alejandro Rosero Montenegro, Yuyay, Comunicador Social Periodista
La semana anterior debimos ser testigos de varias situaciones que nos obligaron a revisar la importancia de discernir, entre la cantidad de información que a manera de seudo noticias se distribuyeron en las redes sociales con respecto a la situación de los perritos en una vivienda del barrio El Bosque.
Quizá, amparados en la Constitución Política de nuestro país que protege la libertad de expresión, personas armadas de un celular y, en algunos casos, de un micrófono, se lanzaron a hacerla de Periodistas y comenzaron a transmitir lo que pasaba a las afueras de la vivienda de quién es señalado de maltrato animal e, incluso, de abuso sexual para con los peludos que están en esa casa. Pero, desde que en 2016 este caso salió a la luz pública no se ha logrado comprobar tales cosas. Los rumores aseguran que los animales chillan y lloran en ciertos horarios, o que hay videos de las supuestas presiones, pero si así fuera, la justicia, que es a quien le corresponde definir la verdad, no ha logrado sentar una posición sobre lo que ocurre al interior de este lugar.
Peor aún, el reporte de veterinarios que ingresaron a la casa da cuenta de que no hay signos de violencia, maltrato u otra circunstancia en contra de los peluditos. Sin embargo, ante la presión de la comunidad y en medio de una tensión muy fuerte, los animales fueron rescatados cumpliendo una orden de aprehensión preventiva emitida desde la Fiscalía.
A lo que voy es que, la ‘bola de nieve’ que comenzó con las denuncias de los defensores de animales y animalistas terminó con una serie de opinadores que en su afán, entendible, por ayudar, instigaron a otras personas a actuar de manera violenta, y por poco se meten a la casa en cuestión, cometiendo una serie de infracciones y delitos que solo la presencia de la autoridad evitó.
Lo más impactante fue ver a varios comunicadores contagiándose de la ‘bola de nieve’, y casi que subidos en el banquito de candidatos políticos y oportunistas, a voz en cuello gritaban: !Justicia¡. Puede ser que el pedido sea necesario y justo, pero no es deber de quien comunica juzgar y condenar a quien está en el ojo del huracán.
No defiendo al señalado, tampoco es deber del comunicador, pero en aras de la objetividad, debo tratar de estar lo más lejos posible de la posición de juez y parte que los armados de celular y páginas de internet han decidido abrogarse.
Una cosa es mostrar lo que pasa en un hecho en vivo, crudo y sin contexto, y otra muy distinta es informar de manera adecuada lo que ocurre en un suceso que genera tantas reacciones. He aquí la importancia del buen periodismo, esa profesión que yo decidí ejercer desde que tenía 12 años. Trato de hacer diferencia con aquellos que solo buscan seguidores y likes o me gusta, para ganar monedas. Prefiero la credibilidad y la honestidad como escudo y espada para hacerle frente al monstruo de la popularidad y la desinformación. Perdón por quienes se puedan sentir aludidos.



