LA RECOCHA CONSTITUCIONAL DE LA TUTELA

Por: Fabio Olea Massa (Negrindio)

Mientras las urgencias reales duermen el sueño de los justos, la justicia colombiana gasta tiempo y presupuesto resolviendo pataletas individuales, fallos de camiseta y berrinches digitales. ¿En qué momento convertimos nuestra mayor garantía constitucional en un chiste macondiano?

Por culpa del abuso de la Tutela, hemos convertido la mejor acción de defensa de los derechos, consagrada en la Constitución del 91, en una auténtica recocha nacional. El mecanismo, que nació para salvar vidas y enfrentar el abuso de poder cuando la salud, la dignidad u otro derecho fundamental están en juego, se nos volvió el canal oficial para tramitar pataletas individuales.

Como aquí cualquiera puede redactar una sin necesidad de abogado, nos creímos el cuento de que el debido proceso es una varita mágica para obligar al universo a darnos la razón.

La lista de tutelas excéntricas que han llegado a los despachos daría para escribir una enciclopedia del absurdo. Desde la chica prepago que exige que le devuelvan su cuenta de Instagram porque, “es su mínimo vital”, hasta el vecino que demanda a la pareja de al lado porque la mujer gime mucho cuando hace el amor. Pasando, claro, por el dueño de una discoteca entutelado por un ciudadano que le exigía subirle el volumen a la música en la madrugada para alejar a los fantasmas; todo cabe en el mismo costal.

La ilustrísima juez 12 penal de Bogotá, Aura Luz Forero, le acaba de poner la cereza al postre de las tutelas ridículas. En un ataque de protagonismo constitucional que envidiaría el mismísimo Kafka, metió mano para prohibir el uso de la camiseta de la Selección Colombia. Sí, leyó bien.

En un país donde la gente se muere esperando una cita médica y las masacres no dan tregua, la justicia gasta tiempo y salario público debatiendo sobre el uso de la camiseta de la selección nacional. Que, si la puede usar o no tal candidato, si es un símbolo patrio, o si quien se la pone viola el derecho a la igualdad del accionante y otras pendejadas.

“Total, si la camiseta de la Selección ya es materia de fallo, ¿por qué no revisar la historia universal a punta de medidas cautelares?”

Lo peor es que la honorable jueza haya accedido, casi al tiempo de recibir la demanda, a decretar como medida preventiva la prohibición al candidato De la Espriella y a sus militantes de usar la prenda tricolor. “La estupidez es una decisión que no tiene límite”, dijo con total acierto el respetado constitucionalista Humberto de la Calle ante semejante providencia.

Al paso que vamos, en este platanal macondiano no va a faltar el iluminado que radique una tutela contra el Vaticano, exigiendo el debido proceso por la muerte de Jesucristo, alegando que a Poncio Pilato le faltó ser justo. O algún abogado desocupado que entutele al Rey Felipe VI para que España nos indemnice, con retroactivo y de manera inmediata, por las bestialidades de la Santa Inquisición causadas a los pueblos amerindios.

Total, si la camiseta de la Selección ya es materia de fallo, ¿por qué no revisar la historia universal a punta de medidas cautelares? A mí, que no me falta inteligencia para la maldad, se me ocurriría presentar una para que Panamá nos devuelva su territorio, o por lo menos actualice a la fecha el valor de la tajada que pagó Estados Unidos por el que fuera nuestro departamento.

El problema con la acción de tutela es que el ciudadano no es el único culpable de esta guachafita; el verdadero peligro está en el ecosistema que lo patrocina. Pasamos de la majestuosidad de la justicia a la pasarela de la fama. Hoy tenemos abogados que no buscan justicia, sino likes y reproducciones; tinterillos que se inventan la demanda más ridícula solo para abrir los noticieros y ganarse su cuarto de hora de celebridad digital.

Y lo peor es que encuentran eco en jueces “payasos” ávidos de pantalla que no estudian los casos con rigor, se pasan por la faja los precedentes de la Corte Constitucional y fallan con el algoritmo de Twitter en la mano. Prefieren el titular de prensa y el aplauso de la galería que la solidez jurídica. Al prestarse para semejantes payasadas, dejan muy mal parada a la institución.

Si la tutela sigue siendo el hazmerreír nacional, el día que un ciudadano de verdad la necesite para salvar su vida a las puertas de una EPS, la justicia estará demasiado ocupada. Estará decidiendo si ponerse “cucos” amarillos trae suerte o no la noche de año nuevo, o si el padre viola el libre desarrollo a la personalidad si le prohíbe ponérselos a una hija.