MI VOTO ES POR LA SUPERVIVENCIA DE LA DEMOCRACIA

Por: Fabio Olea Massa (Negrindio)

La elección que enfrenta el país es definitiva, o salvamos la institucionalidad democrática en las urnas, o entregamos el porvenir de Colombia a un modelo comunista que solo ha dejado miseria y opresión.

Si valoramos la familia, la libertad y el patrimonio que hemos construido trabajando, este domingo debemos salir a votar por Colombia. Este país nos lo ha dado todo, y aquí tenemos lo que verdaderamente nos importa: nuestro hogar, nuestros seres queridos y nuestra historia. Compartimos el mismo amor por esta patria y el deseo de verla siempre libre, en paz, y bajo una democracia plena que nos asegure una vida digna.

Si fuera posible, dividiría mi apoyo entre Abelardo “El Tigre” de la Espriella, y Paloma Valencia, pues ambos representan el orden, la seguridad y la defensa de la propiedad privada. Este domingo no votamos por un partido político; votamos con convicción, por la institucionalidad y el futuro del país.

El espejo del colectivismo radical

La propuesta del candidato de Gustavo Petro no es más que la izquierda radical disfrazada de un “progresismo”, diseñado para engañar incautos. Es el continuismo de un régimen cuya “paz total” fracasó rotundamente, entregándole el territorio a la delincuencia y maniatando a nuestra Fuerza Pública. Lo que nos jugamos en las urnas es la supervivencia de la democracia frente a la amenaza de un modelo comunista. El candidato en cuestión, formado políticamente en la Bulgaria de la Cortina de Hierro, pretende implantar un sistema que históricamente solo ha producido ruina y exilio, tal como lo padecen hoy Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La trayectoria de Iván Cepeda habla por sí sola: desde su recordado y vergonzoso abrazo al guerrillero Jesús Santrich, hasta los señalamientos que lo vinculan con las FARC en los computadores de Raúl Reyes. Estamos ante un estratega que evade el debate frontal; un “sepulturero” de las instituciones —como bien lo bautizó el “Tino” Asprilla— que ya anticipó su intención de eliminar el Consejo de Estado para gobernar sin contrapesos.

Colombia no puede quedar en manos de un protector de criminales como Santrich, Reyes o “Iván Márquez”. Este admirador del castrochavismo representa un peligro real para la nación, guiado por el resentimiento y una obsesión destructiva contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Un imperativo de pragmatismo patriótico

A los indecisos, y a los que no piensan votar les digo con franqueza: esta vez el voto no es por simpatías, sino por estricto pragmatismo. No busquemos un candidato perfecto; busquemos frenar la amenaza que se cierne contra Colombia. Abstenerse o votar en blanco favorece al extremismo, que ya tiene sus estructuras y votos amarrados. Si a usted le preocupa el empleo, la seguridad o el futuro de su familia, su voto no puede quedarse guardado. Este domingo, sufragar es activar un seguro de vida para el país.

Ya pasó en Venezuela con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, quienes impusieron el castrochavismo y arruinaron a una potencia petrolera que ostentaba el mayor nivel de vida per cápita de Latinoamérica. El socialismo destruyó la economía, ahuyentó el capital extranjero, y provocó el cierre de industrias, trayendo consigo desempleo y miseria.

Frente a este panorama, la elección es elemental: decidir entre vivir en libertad o verse obligado a emigrar ante un gobierno que replicará dicho fracaso; entre defender el Estado de derecho, o someter a las próximas generaciones al yugo absolutista de depender de limosnas estatales como los mercados llamados, Comités Locales de Abastecimiento y Producción, CLAP, en Venezuela, para mitigar el hambre.

Memoria histórica frente a las urnas

El filósofo George Santayana sentenció que, «el que no conoce la historia está condenado a repetirla». Nuestro voto debe ser reflexivo, pensando en lo mejor para Colombia. Ese camino es la democracia: el único sistema que, pese a sus imperfecciones, es el “menos malo” —como magistralmente señalaba Winston Churchill— y el único capaz de garantizarnos la vida y las libertades fundamentales.

Es alarmante lo fácil que se pierde la democracia al elegir mal, y lo sumamente difícil que resulta recuperarla. Cuba acumula casi siete décadas de dictadura; Venezuela lleva más de un cuarto de siglo destrozada por el castrochavismo; Nicaragua permanece sometida por el régimen de Ortega, y Corea del Norte padece un totalitarismo dinástico de casi 80 años. Son pueblos enteros bajo la esclavitud de tiranías comunistas.

El voto es nuestra única y última defensa para no arriesgar la institucionalidad. Elegir bien este domingo es un deber moral porque lo que está en juego es lo más valioso que posee el ser humano: su libertad. Salgamos a las urnas con la firme convicción de proteger el país y salvaguardar el mañana de nuestros hijos.

Como bien advirtió el Nobel Mario Vargas Llosa: “Los pueblos a veces se equivocan y a menudo lo pagan caro”. Este domingo no se equivoque. Recuerde que su voto contra el proyecto que representa Cepeda salva a Colombia del comunismo.

¡Sí a la libertad democrática, jamás a la tiranía!