NAVIDAD, FELIZ NAVIDAD

Por: Fabio Olea Massa (Negrindio)

«Ya van a empezar las fiestas, las fiestas de Navidad; y el jibarito, cantando, a todos nos va a alegrar».
Aires de Navidad, Héctor Lavoe

Se acerca la Navidad, ese tiempo en el que el año entra en su recta final, y el corazón parece latir distinto. Es el día en que los niños despiertan felices junto a los regalos que, según la tradición, les trajo Papá Dios. Parece mentira que ya hayan pasado tres meses desde que empezamos a escuchar el famoso estribillo «Desde septiembre se siente que viene diciembre», con el que la radio anuncia, casi como un ritual colectivo, la llegada de las fechas más entrañables del calendario: la Noche de Velitas (8 de diciembre), la Navidad (25), el Año Viejo (31) y la bienvenida del Año Nuevo (1.º de enero).

A pocos días de la Nochebuena se siente una felicidad desbordante por todas partes. La Navidad tiene esa magia propia que contagia esperanza, renueva el ánimo y enciende una alegría espontánea, capaz de arrancarle una sonrisa incluso al más serio. Es, sin duda, la época más linda del año: una felicidad que se percibe en las calles, en los hogares y en el espíritu de la gente. El ambiente se vuelve más chévere, la ciudad se anima y el aire empieza a oler, inevitablemente, a fiesta.

En lo personal, disfruto la Nochebuena del 24 en un ambiente familiar. Ir al supermercado para comprar lo necesario para la cena se convierte en un ritual sencillo que termina siendo un espacio de encuentro y unión. Se comparte una comida especial, se eleva una oración para agradecer al Creador por sus bendiciones y se brinda por la vida y la salud de la familia.

Mientras tanto, los niños se van a la cama con la ilusión de despertar, a la mañana siguiente, y encontrar su regalo al pie del arbolito. Entonces se arma un verdadero carnaval de felicidad en el barrio, donde cada pequeño exhibe con orgullo el juguete que le trajo el Niño Dios. La alegría de los chiquillos no tiene comparación: para ellos es un instante de pura magia y, para los padres, la satisfacción de ver cumplidos sus deseos. A mí, en lo personal, me despierta una enorme ternura ver a mis sobrinitos felices jugando con sus regalos y, por supuesto, me trae a la memoria aquellos momentos de dicha que viví cuando era niño.

Porque Navidad también es recordar, y recordar es volver a vivir. Todos fuimos niños alguna vez. Debía tener cuatro o cinco años cuando desperté un 25 de diciembre y empecé a recorrer la casa en busca de mi regalo. Mi mamá, al verme inquieto, me dijo: «Busca debajo de la cama». Y allí estaba el obsequio que había soñado durante todo el año y que le había pedido con fe a Papá Dios: un triciclo.

Presuroso me monté en él, pero enseguida se desarmó porque no había sido bien ensamblado. Al ver las piezas regadas por el suelo rompí en llanto, y no me calmé hasta que lo armaron como debía ser. Aquel episodio quedó grabado en mi memoria como uno de los recuerdos más entrañables de mi niñez.

Claro está, para el comercio la Navidad es tiempo de ganancias. La gente se vuelve loca comprando de todo: La ropa nueva para que estrenen los hijos el 8, el 24, el 25 y el 31, como manda la costumbre; los aguinaldos navideños, además de comida y bebida en abundancia. Pero, en enero llega la inevitable resaca y, al hacer cuentas, aparece el saldo en rojo. Entonces caemos en la cuenta de que se nos fue la mano, quedamos endeudados y con la tarjeta de crédito al límite. Aun así, no faltan quienes se consuelan diciendo: «Qué importa, si la pasamos bien».

«Hay que gastar menos —decía mi abuela—, pa’ cuando venga la escasez», y por eso, con el tiempo, he aprendido a tener más control y a no excederme tanto en los gastos de diciembre. Sin caer en la tacañería, hoy soy más mesurado a la hora de gastar; incluso, prefiero no viajar en Navidad para quedarme en casa y compartir, con calma, en familia.

Que no se pierda esa magia de la Navidad y sigamos viviéndola sanamente: Comiendo natilla y buñuelos con los amigos y vecinos, abrazando al familiar que llega de visita y valorando esos gestos sencillos que hacen de esta fiesta algo verdaderamente hermoso. Que los niños sigan conservando la tradición de la novena, los villancicos y la ilusión limpia de seguir creyendo en el Niño Dios.

No olvidemos que «familia es familia» y que «cariño es cariño». Que Dios derrame abundantes bendiciones sobre los lectores de Jornada Informativa, su director, Leonardo Castro, y su equipo de trabajo. ¡Merry Christmas!

Y ahora sí, ¡a calentar motores para los alegres Carnavales de Blancos y Negros!