Por, Alejandro Rosero Montenegro Comunicador Social Periodista
El desorden que parece tener el país en materia de seguridad por estos días, no es más que la prueba de que hay cosas que ya no están en su lugar.
Con tristeza se registró la semana anterior que un grupo de personas en el Putumayo agredieron a militares rociándolos con gasolina para luego prenderles fuego. ¿Qué sentido y qué justificación puede tener? ¿Qué campesinos colombianos pueden realizar este tipo de salvajismo aduciendo que están defendiendo su forma de vida? No puedo aceptarlo de ninguna manera y estoy convencido que aquellos no son campesinos sino narco negociantes que se aprovechan del proteccionismo de la ley colombiana para disfrazarse de campesinos, indígenas o comunidades vulnerables.
No se puede aceptar que grupos de personas que dicen ser jornaleros lleguen con machetes, palos, bastones de mando y hasta armas de fuego a pasar por encima de militares y policías que, constitucionalmente, tienen que defender a la población civil y combatir a la delincuencia.
Asonadas por aquí y por allá en Tumaco, Magüí Payán en Nariño, y en Cauca por varios municipios, en las zonas donde los cultivos ilícitos y la minería ilegal han desplazado al plátano, la yuca, el café o el cacao, que se han convertido en artículos de lujo que escasean en muchos lugares, aunque sigamos teniendo el país biodiverso que otros envidiarán.
No más, no sigan instrumentalizando a nuestra gente, no sigan dividiendo y alejando a los colombianos de los colombianos. Dejen de joder, dejen que tratemos de salir adelante lejos de los negocios ilícitos, que nos son más que adulaciones innecesarias para los países ricos y sus drogadictas narices, y desfondados bolsillos hambrientos del oro que sale de nuestros ríos y nuestras selvas. Círculo vicioso es el que tenemos que romper algún día.


