RELATOS PARA LEER AL CALOR DE LAS TULPAS

Por Ricardo Erazo M.

El Tomo IV de Patrimonio Panga reflexiona acerca de la construcción y transmisión de los saberes ancestrales y colectivos a través de la oralidad, entendida como un camino que permite explorar múltiples realidades, encuentros y experiencias humanas. A partir de símbolos, lenguajes, rituales, gestos, costumbres y expresiones culturales, las comunidades crean representaciones del mundo que les ayudan a interpretar la vida, la muerte y su relación con el entorno. Estos signos y prácticas constituyen la base de las identidades y multiculturalidades, que dan forma a mitos, creencias, tradiciones y conocimientos compartidos.

La oralidad aparece, entonces, como el principal medio a través del cual este legado ancestral llega a las nuevas generaciones. Desde esta perspectiva, el pasado no se concibe como algo lejano o terminado, sino como una presencia viva que orienta el presente y el futuro. Así, la memoria colectiva permite reencontrarse con saberes olvidados o silenciados y reconocer el valor de las voces históricamente marginadas.

El Tomo IV del libro Patrimonio Panga, corresponde a un compendio de diversos artículos

En este contexto, el Ágora se presenta como un espacio de diálogo, reciprocidad y construcción y deconstrucción colectiva del conocimiento. A través de testimonios, archivos, vestigios arqueológicos y relatos comunitarios, se promueve la creación de narrativas históricas más incluyentes, donde no solo tengan cabida las versiones oficiales de los vencedores y las hegemonías del poder, sino también las experiencias de las comunidades, los territorios periféricos y aquellos actores históricamente excluidos.

El proyecto Patrimonio Panga IV se enmarca en esta visión, al buscar integrar distintas perspectivas culturales y territoriales desde el pensamiento andino y las cosmopercepciones del Abya Yala. Sus relatos destacan la diversidad de experiencias expresadas en cuentos, danzas, vestimentas, rituales, celebraciones y formas de vida de las comunidades “sentipensantes”. Estas historias, abiertas a la resignificación y la transformación, buscan comprender la realidad desde múltiples miradas y construir nuevos sentidos históricos y culturales.

El libro resalta la importancia del acompañamiento de escritores e historiadores regionales y nacionales, quienes fortalecen este tipo de iniciativas y motivan a nuevos investigadores y narradores locales a preservar y compartir las memorias de sus comunidades. De esta manera, se reafirma la necesidad de proteger y valorar los saberes colectivos como parte fundamental de la identidad y la construcción cultural de los pueblos.

Ricardo Erazo M.

Travesía por la memoria, cultura e identidad El texto expone la memoria, cultura e identidad de los pueblos de Nariño y del Cauca, en particular de Sotomayor, a través de una compilación de autores locales que reivindican el arraigo al territorio y la necesidad de preservar los saberes ancestrales. La obra invita al lector a recorrer caminos, paisajes y tradiciones que revelan no solo la geografía de la región, sino también la esencia de su gente. Desde el inicio, el grupo de investigación Ágora Panga propone descolonizar la mirada y repensar la identidad nariñense desde perspectivas propias, alejadas de visiones impuestas.

El maestro Vicente Pérez Silva introduce la reflexión acerca del “ser nariñense” como una condición profunda ligada al carácter y la memoria cultural del pueblo pastuso. En esta misma línea crítica, Fernando Palacios Valencia cuestiona la supremacía cultural occidental que históricamente ha invisibilizado y subordinado los saberes de los pueblos originarios, que reduce al indígena a un objeto de dominación. Complementa esta visión, Dumer Mamián Guzmán, propone el proceso de recuperación territorial y política del pueblo de los Pastos, y destaca la lucha colectiva por reconstruir la memoria y fortalecer formas de organizaciones basadas en la diversidad, la reciprocidad y la autonomía.

J. Mauricio Chaves-Bustos analiza la ciudad latinoamericana como resultado del legado colonial y plantea la necesidad de concebirla como un espacio de convivencia y construcción social. Por su parte, Libardo Zamudio Mena critica una sociedad dominada por el consumo y la tecnología, en la cual la búsqueda de la verdad ha sido reemplazada por la dependencia de las pantallas. Su análisis cuestiona el rumbo cultural y social de la actualidad.

La obra también explora las relaciones entre territorio, espiritualidad y tradición. Jorge Martínez Mesías y Jorge Enrique Martínez Pulido recorren la cosmovisión del Macizo Colombiano, donde la vida cotidiana se entrelaza con lo sobrenatural y los rituales ancestrales sobreviven fusionados con el catolicismo. La figura de la bruja es resignificada como guardiana del orden ancestral y símbolo de la mujer libre e indómita.

En la sección narrativa, Aníbal Almeida recupera relatos de tradición oral cargados de humor, sabiduría popular y reflexiones de la muerte y la memoria. En las memorias autobiográficas, Arturo Prado Lima revive su experiencia vital y política durante los años ochenta, a partir de confesiones personales, crónica de guerra y memoria histórica. Harold Escobar Apráez retrata la vida cotidiana y las costumbres de su pueblo mediante escenas donde convergen religiosidad, cultura popular y sensibilidad campesina.

Otros autores reconstruyen la dignidad y la historia de personajes y territorios nariñenses. Valenzuela Melo describe la región del Guaico desde la memoria familiar, y exalta la fortaleza de sus habitantes. Roberti Vargas homenajea a Leónidas, personaje popular recordado por su pasión por la música, el fútbol y las travesuras juveniles. Asimismo, Martínez Mesías y Martínez Pulido narran la experiencia de un veterano nariñense de la Guerra de Corea, y resaltan las secuelas humanas del conflicto y el abandono estatal.

Javier Vallejo Díaz rescata la figura de un hombre de Tangua que, pese a no contar con educación formal, alcanzó amplios conocimientos en artes, mecánica y liderazgo gracias a su curiosidad intelectual. También dedica semblanzas a artistas populares como Sebastián Guerrero y Aníbal Almeida, cuyas obras y oficios reflejan la relación entre trabajo campesino, memoria y creación artística.

A su vez, el glosario elaborado por Alfonso Medina Tobar, por su parte, reivindica espacios tradicionales como la ‘tulpa’ y la ‘chagra’ como símbolos de resistencia cultural y preservación de la vida comunitaria. En conjunto, la compilación constituye un homenaje a la memoria, la diversidad cultural y las formas de vida de Nariño, resaltando la importancia de recuperar las voces locales y fortalecer el sentido de pertenencia regional frente a los procesos de homogenización cultural.

El lanzamiento del tomo IV del libro Patrimonio Panga se realizó el jueves 28 de mayo de 2026, en la Casa Olimpo municipio de Sotomayor Nariño.