Fabio Olea Massa (Negrindio)
La costa Caribe ha sido históricamente determinante en la política nacional, aportando votos decisivos para la elección de presidentes de otras regiones. En este contexto, surge la reflexión sobre la posibilidad que un líder oriundo del Caribe colombiano —en este caso, de Montería— aspire a dirigir los destinos del país.
Hace apenas unos meses, Abelardo De la Espriella era conocido principalmente como abogado penalista con presencia mediática, más que como figura política. Su aparición en el escenario nacional lo ubica como un actor que, sin responder al perfil tradicional de la política, ha captado la atención de sectores de la oposición en búsqueda de liderazgo, coherencia y una narrativa alternativa frente al discurso del gobierno.
Su nombre ya es parte del debate público. La intención de voto a su favor ha mostrado un crecimiento sostenido, y más de cuatro millones de firmas respaldaron su inscripción como candidato del movimiento “Defensores de la Patria”. Comparada con el millón y medio de votos obtenidos por Cepeda en su consulta interna, esta cifra refleja el nivel de una consulta general ciudadana alrededor de su candidatura.
De la Espriella se ha consolidado como un fenómeno político reciente; en corto tiempo ha pasado de ser una figura externa al sistema tradicional a convertirse en una alternativa con opciones reales en la contienda presidencial. Aunque algunas encuestas —como la más reciente de Invamer— lo sitúan en segundo lugar, otros indicadores como el respaldo en foros gremiales, la influencia en redes sociales y la convocatoria masiva en escenarios públicos, como el Movistar Arena de Bogotá, muestran un nivel significativo de receptividad hacia su propuesta.
Su discurso se ha conectado con el descontento de sectores ciudadanos que perciben la gestión gubernamental como un fracaso. Para muchos, el actual gobierno enfrenta un desgaste reflejado también en votantes que antes lo apoyaron, y hoy expresan preocupación ante la continuidad del proyecto político, representado por un candidato comunista como Iván Cepeda.
En cuanto a su orientación ideológica, De la Espriella se define como un “demócrata” y señala principios que, según él, sustentan su visión: familia, creencia en Dios, respeto a la Constitución, legalidad, orden, seguridad, propiedad privada y lucha contra la corrupción. Se trata de valores que afirma considerar fundacionales de nuestro sistema democrático, y no exclusivos de ninguna corriente política.
Desde el Caribe, el panorama electoral muestra elementos relevantes. La región cuenta con 68 parlamentarios —29 senadores y 38 representantes— que equivalen al 23 % del Congreso. Además, posee siete gobernaciones, a excepción de Magdalena, y sus principales ciudades tienen alcaldes no alineados con la izquierda. Con base en estos datos, puede sostenerse que el gobierno nacional no controla plenamente el poder regional y local.
En una columna reciente, “El péndulo político retornará a la derecha”, planteaba que Colombia ha sido tradicionalmente conservadora y liberal, y que los resultados de 2022 no significaron la desaparición de estos partidos, sino una dispersión de su electorado. Las elecciones legislativas de marzo podrían reconfigurar las fuerzas de derecha, un factor crucial para definir alianzas en primera vuelta. En caso de que estos sectores logren mayorías en el Congreso, podrían consolidar un bloque capaz de influir decisivamente en la contienda presidencial.
Ese bloque parlamentario, sumado al respaldo de gobernadores y alcaldes de distintas regiones, sería determinante en la configuración del escenario electoral. No obstante, la cohesión entre los sectores opositores dependerá que se unifiquen alrededor de un solo candidato, y parte del análisis actual señala que De la Espriella aparece, según las encuestas, como uno de los nombres con mayor reconocimiento dentro de ese espectro.
Antioquia y el Eje Cafetero, regiones con una tradición conservadora marcada, podrían tener un papel relevante. Allí, De la Espriella registra niveles de aceptación significativos, en parte debido a la percepción de distanciamiento entre la zona y el actual gobierno.
En el ámbito partidista, es previsible que colectividades como el Centro Democrático, el Partido Conservador, Cambio Radical, el Partido Liberal, el Partido de la U y sectores del centro terminen alineándose con la candidatura opositora de De La Espriella, puesto que esos partidos comparten intereses políticos, económicos y sociales que los acercan en coyunturas electorales.
En el contexto internacional, se observa un giro hacia posiciones de derecha en varios países. En América Latina destacan los casos de Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Honduras, mientras que en Europa la derecha gobierna en países como Italia y mantiene fuerza creciente en otros. Además, factores externos como la evolución política en Venezuela (caída de Maduro) o las relaciones tensas entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, podrían influir en la dinámica interna de cara a 2026.
La dirigencia política de la Costa Caribe tiene ante sí una coyuntura que podría ser histórica: jugar un papel decisivo en la elección del próximo presidente. La posibilidad que un líder costeño llegue a la Casa de Nariño abre un debate importante sobre representación regional y equilibrios de poder.
Es, en todo caso, un momento para reflexionar sobre el lugar de la región en la política nacional y sobre el tipo de liderazgo que el país busca en un contexto de alta polarización y cambios profundos.


