MI PADRE: UN MAESTRO DE ESCUELA DE VERDAD

Por: Jorge Arturo Bravo EL DESPERTADOR DEL SUR                                      

Hablar de los Maestros del ayer, de aquellos que ya no están entre nosotros, porque ya viajaron a los confines de la eternidad, en ese viaje sin retorno, es hablar de la historia de la educación nariñense, de aquellos que, por su entrega, mística profesional y su gran vocación, escribieron, desde los bancos escolares de una escuela urbana o rural, la bonita historia de la educación de los pueblos y de sus gentes.

Es la historia de mi padre, Luis Antonio Arturo Acosta, “el profesor Arturo”, como lo llamaron sus miles de discípulos que recibieron sus sabias enseñanzas, sus oportunos y atinados consejos, y su voz de impulso para seguir adelante y ser triunfadores, no importe donde haya nacido, que lo traigo a este espacio para referirme brevemente a él, al cumplirse este 22 de septiembre, un aniversario más de su muerte ocurrida en esta ciudad el 22 de septiembre de 2002 a los 87 años de edad.

Primero brillante bachiller del Colegio San Felipe Neri, donde se forma bajo la sotana de eminentes Maestros, verdaderos pedagogos y grandes literatos, como Arístides Gutiérrez, Peregrino Santacruz, Alejandro Ortiz, ente otros, y después, los bancos escolares de la Normal de Occidente, mediante el sistema de profesionalización, igual, con grandes eminencias de pedagogos, se formó como Maestro, bella profesión que ejerció en varios municipios del Departamento, y corregimientos del municipio de Pasto.

Las aulas escolares de las escuelas urbanas de Linares, su tierra natal, donde nació el 19 de marzo de 1915; Sandoná, La Florida, Buesaco, y Pasto, también los bancos escolares de las escuelas rurales de Nariño, Genoy, y La Laguna, mi tierra nutricia, fueron testigos no solo de sus enseñanzas como Maestro, sino que, con el elocuente, fogoso y hasta fustigante discurso, pues era el vocero oficial de recibir a ilustres visitantes, obispos, congresistas y gobernadores, también educaba, y hasta les  decía cómo debían gobernar a favor del pueblo, y sin robarse un solo peso.

Como literato enseñó, desde las aulas, el buen escribir y el buen decir, a través de la poesía, pues fue un excelente versificador, como poeta de la línea de Aurelio Arturo, con brillante, manejo de la rima, el ritmo, y la métrica, manejaba correctamente el verso y la prosa en sus discursos; no dejó obras publicadas, su “paupérrimo sueldo que ganaba no le permitió la publicación de ellas, de mi padre aprendí el bello arte de hacer acrósticos; también fue un excelente dramaturgo, de pueblo en pueblo llevó sus dramas, pues volvió a los padres de familia en muy buenos actores, al fin y al cabo que fue alumno aventajado de  Arístides Gutiérrez, ”El padre del teatro nariñense”¡Qué Maestros aquellos!